Sobre mi obra.

Crecí en una ciudad al oeste de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Hija de un veterinario rural, desde niña acompañaba a mi padre al campo, donde presenciaba autopsias o participaba de tactos, fascinada por acariciar un feto vivo con mis propias manos. Pasaba horas jugando en su laboratorio, ayudándolo a preparar muestras de sangre, semen o heces en vidrios y observando órganos enfermos en formol. De ese universo surge un imaginario sumamente orgánico y con cuestionamientos existenciales que atraviesa todo mi trabajo y donde la fragilidad de mi condición humana me lleva a indagar en mi voluntad de perpetuarme.

A partir de allí realizo una analogía entre mi capacidad de procrear como mujer y mi potencia creadora como artista, intentando romper con una pesada herencia de la historia del arte norte occidental donde se declaró a la hembra incapaz de crear, paradójicamente, por su capacidad de procreación -su protagonismo en la obra artística se daría únicamente bajo la mirada erótica y el dominio del artista sobre la modelo-. Busco producir una imagen de mujer libre de la mirada masculina del gran maestro y utilizo la vulva como el mayor símbolo de ruptura con aquella antigua tradición que condiciona la capacidad creadora de las hembras. Me autorretrato en mujeres libres, dueñas de formas que no responden al canon de belleza occidental actual, que apelan a imágenes arcaicas y hacen ciertas referencias al arte precolombino. Hembras sin rostro, porque puedo ser yo o pueden ser todas.

En esa polemización de algunas tradiciones artísticas surge en mi trabajo un cuestionamiento al concepto de arte inútil sostenido por la academia norte occidental que discrimina los objetos artísticos útiles dejando, durante varios siglos, fuera de la escena el arte precolombino y las “artes aplicadas” por ser consideradas menores. Separándome de la tradición académica de la obra realizada para su contemplación, busco la reconfiguración de mis piezas por parte de un otro a través de experiencias y juegos sensoriales y me intereso en las aplicaciones del arte sobre la vida diaria, creando situaciones de penetración del objeto artístico en la cotidianeidad, para estimular una relación de sincretismo entre el ser humano y la obra de arte. Continúo en la utópica búsqueda de un vocabulario que defina los conceptos de arte y obra que apliquen a estas tierras, contribuyendo a construir la rica y eternamente indefinida identidad nacional con nociones propias e inclusivas. Considero a las ajenas excluyentes e impuestas, midiendo desde hace quinientos años nuestra cultura y nuestra sociedad con una vara externa.

En cuanto a técnicas, trabajo principalmente las de escultura. De allí se desprenden varios soportes, desde estatuillas en bronce y escultura portable como joyería, hasta piezas realizadas en cera o metal que derivan en cuadros o se ensamblan con objetos cotidianos de mi pasado. También he experimentado con otros medios como la fotografía y el video. Por otro lado, algunas piezas ponen en evidencia diferentes grados de simbiosis de mi misma con mi trabajo al llevar, en su composición y como fuente vital, elementos corporales, buscando fusionarme con la obra hasta el punto de llegar a convertir mi propio cuerpo en un objeto artístico que se inserta en el campo y el mercado.